En el Apóstol potenciamos la dimensión de formación humana de nuestros alumnos, porque educar no consiste únicamente en acompañar su desarrollo académico ni su crecimiento espiritual, sino también en ayudarles a conocerse, valorarse y quererse tal y como son.
Recientemente nos hemos colado en una sesión de tutoría en Educación Primaria en la que se trabajaron la autoestima y el autoconcepto a través de una dinámica titulada “La flor de mis cualidades”.
Durante la actividad, cada alumno y alumna recibió la silueta de una flor en la que debía escribir su nombre en el centro y añadir en uno de los pétalos una cualidad positiva sobre sí mismo. Posteriormente, sus compañeros fueron completando el resto de los pétalos escribiendo aquellas cualidades que reconocen y valoran en esa persona.
Se trata de una propuesta sencilla pero muy significativa que permite al alumnado identificar sus propias cualidades personales, fortalecer la autoestima a través del reconocimiento individual y grupal, fomentar una valoración positiva de uno mismo y aprender a expresar en voz alta lo bueno que vemos en los demás.
Actividades como esta recuerdan que crecer también implica aprender a mirarse con honestidad y a mirar a los demás con respeto y aprecio, fortaleciendo así las relaciones dentro del grupo y contribuyendo al desarrollo integral del alumnado.


